EN EL PRINCIPIO ERA EL VERBO
Hace mucho, mucho, mucho tiempo. Antes que tú y yo naciéramos. Antes que nuestros padres nacieran. Mucho antes de que existieran los seres humanos sobre la faz de la tierra. Incluso, mucho antes que los dinosaurios o que algún ser viviente habitara en la tierra.
Es más, mucho antes que existiera el universo con sus galaxias llenas de estrellas y todo cuerpo celeste. Incluso mucho, mucho, mucho antes de que existiera el tiempo y el espacio.
Antes de que existiera todo lo que vemos y lo que no vemos, en el principio de todo, entre la nada, estaba el Verbo de Dios. Todas las cosas fueron creadas por Él y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
EL VERBO DE DIOS ES ÚNICO Y ETERNO
El Verbo de Dios no tiene padre ni madre, nadie existió antes que Él, ni nadie lo creo. Así que no tiene principio de días y tampoco tiene fin de vida, Él es eterno y vive para siempre. Por tanto, Él es el alfa y la omega, el principio y el fin, el dador de la vida. Él es el autor intelectual, arquitecto, escultor, pintor, creador, diseñador, formador, y todo cuanto se pueda decir, de todo lo que existió, existe y existirá.
Aunque, en la historia secular, en las películas y en diferentes culturas hablan de varios dioses. Lo cierto es que en el principio de todo, en medio del silencio y la quietud, estaba el Verbo de Dios, el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios.
Así, el Verbo de Dios es el que fue, el que es y será para siempre. Él es el único Dios eterno, verdadero, omnisciente y todopoderoso. No hay Dios fuera de Él. Este Verbo fue hecho carne y habito entre nosotros, y su nombre es Jesús, nuestro Señor y Salvador.
EL VERBO DE DIOS: ESPÍRITU SANTO, PADRE E HIJO
En Jesús, el Verbo de Dios, habita corporalmente toda la plenitud de la deidad, es decir, en Jesús habita el Espíritu Santo, el Padre y el Hijo, porque los tres son uno, y hacemos bien en creer que Dios es uno.
El Espíritu Santo, desde el principio, conocía y conoce hasta lo más profundo de Dios, él escudriña los pensamientos de Dios, todo, absolutamente todo lo sabe, todo lo conoce, nada puede ser oculto de él. Sí, el Espíritu Santo de Dios todo lo conoce. En el principio, en Él se preparaba todo lo que habría de ser, él planificaba y organizaba las ideas, y guiaba en cada detalle, los pensamientos de Dios no le eran ocultos. En todo momento Él escudriñaba aún lo más profundo de Dios.
El Padre analizaba con paciencia cada detalle, pensaba en todo lo que habría de hacer. Como arquitecto y escultor, en su sabiduría calculaba las estructuras de su creación, en su perfección establecía los fundamentos y el orden de las cosas, definía sus dimensiones, composición, texturas, formas, colores, aromas y sabores. Él determinó las leyes que regirían a toda la futura creación. Planificaba todo lo que habría de ser y cómo habría de ser. Todo lo bueno, todo lo puro, todo lo santo, todo lo preparaba con amor incomparable, con amor infinito, con amor inconmensurable.
El Hijo recibía todo del Padre, Él estaba en el Padre y el Padre estaba en Él, como hijo obediente nada podía hacer si el Padre no le ordenaba, y como Hijo, reflejaba e irradiaba la gloria de Dios, se preparaba para poder ejecutar todo los planes, todo lo que se había establecido. Sólo el Hijo conocía al Padre y siempre estaba listo para obedecer y ejecutar todas las instrucciones.
EL VERBO DE DIOS HECHO CARNE
El Verbo se hizo carne, naciendo de una mujer virgen llamada María. Dejo su trono y se hizo semejante a nosotros. En el mundo estaba, en el mundo que él mismo había hecho, pero el mundo no lo conoció. A lo suyo vino y los suyos le rechazaron.
Habito en un cuerpo mortal, experimento nuestros dolores, enfermedades, alegrías y tristezas. Escondimos nuestro rostro de él, fue desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebrantos, fue herido y abatido por nosotros, por sus llagas fuimos curados, el castigo de nuestra paz fue sobre él. Con su muerte y resurrección, fuimos rescatados del pecado, y podremos vivir con él eternamente si lo reconocemos como Señor y suficiente Salvador.
El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Y así como el ser humano es espíritu, alma y cuerpo; así el Creador es Espíritu Santo, Padre e Hijo. Así como el hombre tiene un nombre, al Creador le plació revelarse a nosotros con el nombre de Jesús, nombre sobre todo nombre, el único nombre dado a los hombres en el cual hay salvación. Quien ha visto al Hijo, ha visto al Padre; porque el Padre y el Hijo son uno.
LA APARIENCIA DEL VERBO DE DIOS
Desde la antigüedad y por muchos siglos, los hombres se han imaginado a Dios de diferentes maneras. Lo han representado en pinturas y esculturas con forma de hombre o animales. Incluso adoraron a los astros, a los animales, a los fenómenos naturales y a simples hombres como si fueran Dios.
Y aún hasta ahora, muchos se imaginan a Dios como una persona blanca, con cabellos largos, rubios y ondulados, de ojos azules o verdes. Incluso dicen que es un ser gigante que está sentado en un enorme trono de oro. Otros dicen que Dios tiene forma de vaca o de algún otro animal.
Pero, a través de su palabra, la Biblia, Dios se revela al hombre tal y como es: su cabeza y sus cabellos cortos son blancos como la blanca lana o blancos como la nieve, sus ojos son como llamas de fuego, sus pies brillan como el bronce que se funde y arde al ser refinado en un horno. Su rostro es del color de una piedra de jaspe, de cornalina, de esmeralda y resplandece como el sol en su máximo fulgor en el día. Sobre su cabeza lleva muchas diademas y un nombre inscrito, y su nombre es El Verbo de Dios. Él es un varón perfecto y está vestido de lino limpio, blanco y muy resplandeciente. En sus manos y pies lleva las marcas de los clavos con los que fue crucificado, y en su costado la marca de la lanza que le traspasaron.
En el principio, el Verbo de Dios (Jesús), cuando todo lo tenía listo, entonces abrió su boca y emitió la palabra. El sonido de su voz era potente como el trueno, una voz imponente y llena de autoridad, pero también era dulce y llena de amor y ternura. Fue así que por medio de la palabra, Dios creo el primer cielo y con sus manos lo extendió y estableció la capital de su reino y coloco su trono.
LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO, EL VERBO DE DIOS
Cuando todo se haya cumplido, al finalizar el gobierno mundial del anticristo, entonces el cielo que vemos será abierto. Y Jesús, quien también es llamado Fiel y Verdadero, vendrá montado en un caballo blanco para juzgar a las naciones por todas las cosas impías que habrán hecho. Y vendrá con sus ejércitos celestiales, vestidos de lino fino, blanco y limpio, montados en caballos blancos.
Peleará contra la bestia y todo su ejército de hombres malignos, y estos pelearán contra el Cordero de Dios, y el Cordero los vencerá, porque Él es Rey de reyes y Señor de señores, y este mismo título lo llevará escrito en su vestidura y en su muslo.
En aquel día, el Verbo de Dios, Jesús, estará vestido de una ropa teñida en sangre tras haber pisado el lagar en Edóm y Armagedón. Y de su boca saldrá una espada aguda para herir a las naciones. Así, instaurará su reino que no tendrá fin, y regirá las naciones con vara de hierro.